22.1.13

Relaciones Humanas. / +331


Ya llevaba tiempo pensando en escribir algo así, algo sobre cómo está siendo para mi, de verdad, sin ironía ni bromas, la relación con los demás, la vuelta al mundo real, dónde tienes que comportarte, dónde tienes que interactuar con la gente, en sociedad.

Hay varias razones que condicionan la vuelta al mundo real, cuando has pasado tanto tiempo en una pecera, cuando sales después de que el mundo haya seguido un ritmo, que tú, aunque lo intentes, no has podido, y aún no puedes seguir. 
Esto, en mi caso, ha creado una serie de reacciones y de miedos, de los que desgraciadamente y en parte por la perdida de una constante importante en mi vida, no me había dado cuenta hasta ahora.
Lo primero es que desconfío de todo y de todos. Sin malicia, ni paranoia, y sabiendo que es una sensación generada por mi mismo, y aún así inevitable.
Nada es seguro, hasta un extremo en ocasiones vertiginoso, no dudas del amor de los demás, de lo que la gente que está cerca de ti siente, porque de una manera u otra lo demuestran día a día, precisamente aguantándote. De lo que dudas es de cuánto más puedes forzar la situación, cuánto más tardarán en darse cuenta de que has cambiado, de que ahora tienes miedo a muchas cosas, a casi todas las cosas, aunque sólo sea un microsegundo cada hora, en ocasiones es aterrador.
Y qué harán cuando se den cuenta de lo asustado que estás. 
De todo menos sentir pena, por favor, pena es lo último que la gente quieres que sienta por ti, la pena ajena te arrastra a un lugar mucho más oscuro, un sitio mucho peor que una UCI o la pecera de la Unidad de Transplantes, es un cuarto más pequeño, más triste, más incomunicado. 
Cuándo sienten pena por ti, y lo notas, la tentación de sentirte desgraciado es demasiado fuerte, y ningún enfermo, nunca, debe permitirse eso.

En general siento que he perdido "gancho" por así decirlo, que voy más lento, que no me acerco tanto a la gente como antes, que me cuesta socializar. Me siento muchas veces fuera de lugar, como si tanto tiempo aislado hubiera capado mi capacidad de conectar con alguien por primera vez.
No he dejado de sentir lo que sentía por aquellos a los que tengo cerca, y no creo que me haya convertido en una persona huraña, sólo siento que ese "gancho" esa soltura social que siempre he tenido ya no está. 
Me la dejé en el Marañón, si alguien la encuentra en un bote de residuos biológicos que no la tire.

Otro factor, quizá uno de los más molestos, es la sensación de someter a los demás a tus propias limitaciones, de que si quieren quedar contigo tienen que amoldarse a las mierdas que tú tienes que aguantar. Ir a bares con poca gente o a terrazas, no fumar delante de ti, por ejemplo. Modificas la vida de los demás y eso es una carga que poco a poco te pesa, por mucho que a la gente no le importe, y te jure y perjure que no importa, a ti te pesa cada vez un poco más.

Tu familia, tus amigos, todos los que se comprometen a seguir a tu lado, todos los que comparten tu peso, por la tiranía de algo que a ti te ha tocado vivir, todos ellos, no se lo merecen, pero ahí estás tú, y lo hacen, y no lo entiendes y te bloquea, y no sabes que sentir, y agradeces y te abrumas y entonces llega una vez más el pánico social. 
Un bucle infinito, y raro, del que no terminas de salir.

Supongo que la perdida de estabilidad vital, el moverte en la incertidumbre de si todo va bien o no, la auto observación constante, hacen que magnifiques cosas que no deberías y por ello te metas en follones que no debes, pero es algo casi imposible de evitar. 

Es posible que el frío me haya vuelto idiota hoy, además de haberme helado las pelotas, es lo que hay.

17.1.13

Una mañana de Enero / +326 (creo que estoy llevando mal la cuenta)


Dejo que el piano y la batería  de "The Fall" me lleven tranquilo por Madrid, pronto, por la mañana, a una hora que no creía que siguiese existiendo.
Las calles están aún mojadas, no sé si por limpias o porque quizá haya llovido esta noche.
Este invierno los días están siendo cortos y largos a la vez, raros, grises y soleados, luminosos y oscuros, está siendo un invierno de contrastes, bueno en general, pero con algunos asuntos que no son como esperaba que fueran, pero eso en invierno siempre pasa.
He pasado la noche grabando una entrevista, al grupo de unos amigos, siempre es agradable trabajar con ellos.
Me encuentro cansado, y despierto, me doy cuenta de que mi cuerpo aún me sigue imponiendo limitaciones con las que no quiero lidiar, de las que ya estoy muy harto, y con las que tendré que convivir los próximos años, seguro. Y gracias a que sólo tendré que convivir con ellas y no con cosas peores que podrían haber pasado. En ese aspecto no me puedo quejar.
Sigo caminando y viendo como Malasaña despierta, he cambiado la banda sonora, ahora llevo el single de los Autumn Comets, me parecía que era lo más apropiado después de haberles estado grabando esta noche.
Es muy buen single, no es por hacer la pelota (este no es un post patrocinado, lo prometo).
Tengo ganas de volver a vivir aquí, de ver el barrio a estas horas, bien por estar volviendo de juerga, cuando salir me vuelva a estar permitido por mi agente de la condicional, o por estar yendo a currar y si me permitís pedir más, mientras voy pedaleando. (Esto no quiere decir que no siga pensando en Barcelona, o cualquier destino del norte de Europa).
A los que no sois de Madrid os recomiendo que si venís unos días bajéis siempre a bares a desayunar, es una de las mejores cosas de esta ciudad. La gente preparada para ir a trabajar, viendose antes de las ocho horas de oficina disfrutando de un buen café, las primeras conversaciones de la mañana, y lo que les depara el día, y por supuesto los camareros de Madrid, que son jodidamente inigualables. 
Y hoy mas concretamente la camarera que nos ha servido las tostadas (de aceite y tomate, un pequeño pedazo de Cataluña en pleno Tribunal) a Manu y a mi… sin palabras. Tipo "posadera de Juego de Tronos", no sé si me explico.
Llego a Espíritu23, con la ropa de ayer, con la cámara, el trípode y el ordenador, quiero revisar lo que grabamos y hacer algo de provecho, y me siento cansado, pero quiero currar, y noto como el café, poco a poco me levanta del suelo.
Y me pongo a trabajar.

Y sólo quería compartir con vosotros esta mañana, que espero os creáis, va a ser de puta madre.

Buenos días.


La música.





14.1.13

Ofertas de trabajo, hígados machacados y el pánico a un rendimiento ridículo. /+323


- Hola Manu, te llamamos de la escuela, soy Gloria, ¿qué tal todo?.
- Bien, he sobrevivido a las fiestas, ahí vamos.
- Mira te cuento, tenemos una oferta de trabajo para un estudiante de último año en Madrid, si te interesa te la paso. (Aclaración; mi escuela está en Sabadell, Barcelona).
- Pues claro que sí, me lo miro y les mando el portafolio o algo.
- Genial te mando un e-mail con toda la información. ¿Qué tal vas con lo tuyo?.
- Muy bien, todo marcha estupendamente, en breve me tenéis por ahí otra vez presentando cosas y molestando con peticiones raras.
-Genial, pues nada un abrazo Manu nos vemos pronto.

Hay muy buen rollo con la gente de mi escuela.

Así termina mi semana pasada, con una oferta de curro, con la necesidad de actualizar mi portfolio en dos días, y viendo a ver si vuelvo a ser un hombre de provecho, o no.
La oferta está bien, muy bien para los tiempos que corren, no entro en detalles, estoy esperando noticias, ya revelaré más datos.

Pero me pongo a pensar en ello y se me plantean los siguientes dilemas morales.
¿Estoy preparado para un curro a jornada completa con el ritmo de revisiones, medicinas, etc. que llevo? No lo sé.
¿Debería mencionar algo de mi actual estado de salud?.
¿Hasta que punto podré sostener la mentira si no les cuento nada?
Es un asunto curioso, desde hace un año, no tengo horarios, ni responsabilidad, ni sueldo, ni nadie frente al que responder de nada, y he perdido mucha practica, y según está la cosa, y yendo de parte de la escuela, no quiero quedar mal.
No sé, si llego a la entrevista personal, el portafolio ya ha pasado la primera criba, veré si lo suelto o no o que pasa.
Igual apela a su lado humano-solidario, aunque dar pena es una mierda y lo más seguro es que haga huir a su lado empresarial (y eso no queremos que pase).

Lo siguiente es que mi hígado mejora, pero sigo con algo menos de medicación, lo que hace que mi cuerpo ande un poco raro, y que no sepa muy bien a veces donde meterme.
Me ducho en el water me cago en el baño. Por poner un símil suficientemente escatológico para que reaccionen las mentes mas lentas.
Voy despistado, lento, algo cansado, es una sensación un poco rara, y familiar a la vez.
Es un poco raro cuando te tocan dosis que tenias tan asimiladas, aunque al menos no la ando cagando con las medicinas como me pasaba al principio, y pese a algún percance menor, estoy consiguiendo esquivar el hospital.

Y no queda nada para pasar el primer año.
Qué rápido pasa el tiempo joder.

Hasta aquí la neura semanal.

8.1.13

Lo que se va de las manos /+317


Una vez admitida la dura realidad, bajado la cabeza y asumido que es lo que hay, solo me queda pedir perdón por la poca asiduidad con la que actualizo el blog. 
Prometo que en el 2013 lo haré con mas regularidad (propósitos de año nuevo que SÍ) así como voy a hacer más ejercicio, comer mejor, ser mejor persona (propósitos de año nuevo que probablemente NO).
He estado pensando mucho todo este tiempo de "vacaciones" en las cosas que sin remedio se me están yendo de las manos, como arena entre los dedos, se escurren, se convierten en inabarcables, y poco a poco se descontrolan.

Se me va de las manos el tiempo, así como la concentración, en muchos casos hasta la cordura.
Se me escapa entre los dedos (que en este caso viene a ser lo mismo) la motivación. En gran parte porque a su vez se vuelven incontrolables los efectos de tanto cambio de medicación, que en este caso se le ha ido de las manos a mi pobre hígado. Aunque bastante ha aguantado, no se le puede reprochar un poco de bilirrubina de más.
Y es que es así, las navidades me suben la bilirrubina. 
Tengo una familia que es a la vez maravillosa y algo toca pelotas, pero es un estándar de todas, o eso tengo entendido, supongo que en algo tendrá que ver con lo de que la cordura se me vaya a veces.
Se me va de las manos mi vida social, porque en invierno no hay por dónde agarrarla mientras sigo sometido a la maldita mascarilla y no me puedo meter en ningún sitio con gente. 
Se acabaron las terrazas,  y con ellas los refrigerios al sol.

Todo esto no es nuevo de este año, desde hace un tiempo las navidades, año nuevo, y estas cosas, me colapsan, me bloquean raramente y hacen que el ritmo de todo se vuelva raro, y yo vago. Y si ya de normal es fácil que me vuelva vago, con una excusa ya es una locura todo. El Apocalipsis.

En fin, toda esta movida sin sentido para decir que he vuelto, que una vez más prometo ser más regular, y que parece que tengo cosas que contar, así que os voy poniendo al día.








Aquí una foto de la lozanía y la belleza que luzco ahora que por culpa de la maldita ciclosporina el pelo y la barba me salen raros.
En ella podéis ver a la gran Sara Navarro y a mi querido hermano postizo Manu Pequeño, el otro día en el I AM MARKET, que Sara andaba ahí ganandose la vida con sus fotos.

17.12.12

Pequeña aproximación a la muerte / +297


He pensado mucho en este post, en cómo empezarlo, cómo llamarlo, cómo lidiar con un escrito que en algún momento tenía que hacer.

La muerte propia, la que me mira a lo lejos, y a veces se acerca a susurrarme al oído, aquella que me dio la mano unos días, una vez, y que miro por el rabillo del ojo, con esta muerte sé lidiar, sé qué hacer, vivo con ella, estoy preparado, tengo la certeza de que llegará algún día, tarde o temprano.
Ella no es el problema.
El problema es la muerte ajena, aquella que les llega a los demás, a los que están a mi alrededor, con ésta no sé qué hacer, no sé cómo actuar, me bloquea, me hace sentir impotente y pequeño.
La muerte ajena, siempre es injusta, no importa de quién se trate o la causa, quizá por causas naturales (vejez) sea más fácil de comprender y sobrellevar. Pero siempre nos golpea de alguna manera.
Hace poco murió una persona que me había ayudado cuando yo lo pasé mal en el hospital, una persona que llevaba mucho tiempo luchando, nunca la conocí en persona, y por lo poco que pude interactuar con ella, siempre a distancia, era una mujer grande, enorme, y que no lo merecía.
La conocí por medio de  alguien a quién por una cosa u otra, o sólo por no saber cómo, vergüenza quizá, no he llegado a conocer todo lo que debía, pero espero poder remediarlo. 
También alguien muy cercano, una muy buena amiga, está pasando un mal momento, por la pérdida de un familiar, y no sé cómo actuar.
No ha sido justo, nunca es justo.
 Yo siempre he tenido una visión muy pragmática de la muerte, como ya he dicho antes, vivo con ella, con la incertidumbre y la certeza a la vez, una relación extraña,  no le tengo miedo, no me bloquea, ni me hace vivir de manera diferente, sólo está ahí, como una sombra.
Pero no es hasta hace bien poco que me he dado cuenta de que mi visión tan pragmática, tan racional, sólo la puedo aplicar a aquella que camina conmigo, no a las que sufren los demás, porque cada uno cargamos con nuestra propia idea, nuestra única manera de sentirla y de vivirla.
Y en lo que a comprender a los demás en este tema se refiere, mi sentido de la empatía se bloquea totalmente, por puro miedo, por el dolor que la otra persona sufre, porque me hace mirar a la cara a algo que sé que está ahí pero que no suelo mirar, porque no quiero herir más a la persona diciendo algo estúpido, porque no lo entiendo, porque es algo incontrolable, y porque no sé qué hacer.

La muerte es algo sin duda inevitable, algo que a todos nos llegará, y en nuestro fuero interno creo que todos, o casi todos, estamos preparados. Lo que supongo es que a vosotros, como a mí, os cuesta mucho mas aceptar y entender la muerte de los demás.

Sobre todo si es inesperada, antinatural e injusta.

3.12.12

Procrastinar es de cobardes. / +283



La pila es ese momento en el que de pronto te entra muchísimo trabajo de golpe.
La losa es ese peso increíble en tu espalda en el que el trabajo se convierte.
Procrastiinar es lo que haces cuando eres un cobarde que no sabe afrontar de una manera racional "la pila" y "la losa".
He empezado el Proyecto de Final de Carrera, o lo que es lo mismo, "el final de mi vida tal y como la conocemos". 
Además tengo que ponerme al día con tipografía, y hacer un par de trabajos para otra asignatura, todo muy divertido, sin dejar de lado mi trabajo en Espiritu23, y las ofertas de curro que salen, y aquí ya es donde todo esto se convierte en una fiesta.
Pero por ahora va bien.
Arrastro el cansancio típico de mi condición, y a su vez el ansia, las ganas, la impaciencia, la mala leche, la desorientación y el subidón de ver que aunque vaya de víctima por el mundo "que si tengo mucho curro", "que si que horror todo", "que si el cielo se cae en pedazos", el curro va saliendo, poco a poco, se va haciendo y  cada vez mejor.
Recupero poco a poco rutinas de lectura y resumen, de análisis, de montaje, de trabajo en general. Y aunque tenga el cerebro como una pasa por la quimioterapia, noto como se va poniendo en marcha cada vez más rápido.
El frío ayuda, no sé explicarlo, pero ayuda. No es por el rollo de que haya menos días de "que buen día hace, vamos a la calle", es algo más, algo menos lúdico y mas atmosférico. 
Suena a pijada, pero oye, cada uno lo vive como puede.
Me encanta notar los dedos fríos escribiendo en el teclado, salir a la calle a pasear para tomar aire metido en mi abrigo enorme, con la bufanda y un gorro.
Me gusta irme a un bar a leer con un café caliente y ver como la gente (sobre todo las mujeres) entran y se van quitando capas de ropa hasta ver cómo van vestidas realmente.
Y la nieve… cómo echo de menos la nieve. (Menos cuando se convierte en barro gris, ahí ya no es tan idílico todo)

Voy poco a poco filtrando y terminando cosas, leyendo y enterandome de lo que leo, editando con algo más de agilidad, y teniendo más ganas de todo.
Lo que pasa es que cuando no me arrastro, corro, y eso es lo malo, que hoy por hoy, no tengo punto medio.

Como un pollo sin cabeza, así, todo el día.

21.11.12

Alta velocidad Española. / +271


Vuelvo al tren, después mucho tiempo pudiendo viajar sólo en coche. Un paso más cerca del avión, un salto más cerca del extranjero.
Sensaciones extrañas, de nerviosismo y familiaridad, de libertad, en cierto modo.
La retirada de los corticoides, el encierro en casa por el catarro, el no poder tener una vida normal, estar atado a una mascarilla, depender para todo de mis padres, me estaba matando, necesitaba por lo menos romper alguna de estas cosas.
Y la más fácil es siempre salir echando ostias de casa unos días, ver a los amigos que pueda, comenzar la escuela, hacer algo de curro.
Voy a pasearme Barcelona de arriba a abajo, todo lo que la lluvia me permita. Van a ser 10 días intensos, cosas que hacer, gente que ver, no será suficiente, como nunca lo es, pero ahí estará.
Veo hileras de arboles que empiezan a amarillerar por la copa, campos labrados, ya hemos pasado Zaragoza, y el cielo está jodidademente precioso.
Nubes grises, claros, rayos de sol que parecen sólidos, que se clavan en el suelo. 
En mi escuela se dice que "todos los que trabajan en moda creen que el mundo es una pasarela, y todos los de video os creéis que estáis en un videoclip". 
Lo de la gente de moda, está claro, lo de los de video, sólo cuando los elementos se combinan para ello, como ahora.
Resulta extraño que la cadencia del tren, de los postes que pasan, el cambio de luminosidad, de paisaje, de color, del verde al naranja, tierra o gris, rezume una melodía y un ritmo tan claros, tan contundentes, todo tan bien editado que parece que es un plano secuencia, ni me he dado cuenta de que he ido a mear a mitad de post, en planos cortos. Cremallera, chorra, chorro, cremallera, cadena, limpieza de manos, ordenador, paisaje, musicón.
El paisaje se va industrializando, y surgen fábricas entre hileras perfectas de Olmos que cada vez están más amarillos. El cielo se cubre, entramos en una zona brumosa, la verdad es que lo he clavado con la lista de reproducción.
A mi derecha una mujer se ha dormido y su barbilla se ha fusionado con sus tetas, no se cómo puede respirar con semejante apretón pectoral que debe llevar para tenerlas así de altas a su edad, la lencería (cirujía) hace milagros estos días supongo. En el asiento de delante un hombre lee La sin-Razón, no entiendo nada, como siempre que le echo un ojo a La Razón, aunque no entiendo nada de ningún periódico estos días.
De pronto el cielo se ha cerrado, entre grises y blancos, y en el suelo sólo arboles, verde oscuro, casi marrón, de hoja perenne, y empieza a llover.

Y yo a cansarme y querer leer un maravilloso libro de Errata Naturae sobre videojuegos que haga despertar el friki que hay en mi.
Si es que hace falta despertado.