7.7.15

La historia del tiburón boreal.

El tiburón boreal ronda los siete metros de longitud, se mueve a una velocidad de dos kilómetros por hora y puede llegar a vivir doscientos años.
Es una especie solitaria, que vive en las frías aguas el abismo polar y puede vivir hasta a dos mil quinientos metros de profundidad.
Es un monstruo lento, ciego por culpa de un parásito que le devora los ojos desde que nace hasta que muere, que se guía por su olfato para conseguir alimento y que engulle cualquier cosa que caiga delante de su boca, desde animales vivos hasta carroña.

El tiburón boreal es un treintañero en un after a las doce de la mañana separado de su grupo de amigos.
Es un soltero en un festival en las últimas sesiones de la noche.
Es alguien a quién le ha dejado su pareja y busca en qué agujero meterse, meterla.
He visto más tiburones boreales una madrugada de verano en Madrid que en todos los programas de Discovery.
Todos hemos sido y somos tiburones boreales alguna vez.


1.7.15

La importancia de lo banal.

Hay cosas que no parecen importantes en su momento, o que no tomas por especiales, únicas, cosas que te pasan desapercibidas cuando las estás viviendo y que no te paras a imaginar cómo sería cuando te prohibiesen hacerlas.
Es algo curioso la "libertad de hacer", es algo que, por lo general, ninguno apreciamos demasiado hasta que notamos que nos falta.
Por ejemplo, hace poco he estado en el Primavera Sound, hacía mucho que no podía ir a un festival, que no me forzaba a mi mismo tanto, tantos días, tantas horas, tanta información.
Ya fui el año pasado, un sólo día, y otro más por la ciudad, estuvo bien, lo recuerdo con muchísimo cariño, por todo, pero esta vez todo era diferente.
No iba solo, para nada, de hecho la compañía no pudo ser mejor, la gente a la que vi, los grupos que disfruté, Barcelona y el Forum, todo genial. Lo viví con intensidad, lo disfruté, saboreé cada concierto, cada cerveza, cada abrazo. Parece una chorrada, pero esa libertad, el poder estar allí, es algo que necesitaba. Pero ese era yo, viéndolo desde la perspectiva de alguien que lo perdió todo y ahora recupera cosas.
Mis amigos, mis conocidos, la gente con la que coincidí allí, todos tenían algo de que quejarse, casi todos. Y es que la gente se queja de todo, todo el rato, con esta sensación de que podrán seguir haciendo lo que les plazca mañana. La gente no le da importancia a las cosas banales, al ahora, porque mañana lo seguirá teniendo, y esto en ocasiones es un error. Yo mismo, aún habiendo estado a punto de morir, todavía sufro y pierdo el tiempo con tonterías, dejo pasar oportunidades y luego me lamento.
Porque, aunque me joda reconocerlo, supongo que yo también soy como todos los demás, y sigo sin darme cuenta de lo importantes que son las cosas hasta que las pierdo. Porque somos unos imbéciles que no sabemos apreciar la libertad que tenemos, hasta que nos la quitan.



28.6.15

¿Qué es "casa"?

"Casa" es donde estás seguro, no sólo lo sientes, si no que lo estás. Es donde quieres volver al haberte ido, supongo, “casa” no es una casa, “casa” es hogar, intimidad, compañía, es no estar solo, no sentirse solo, poder respirar tranquilo, ir descalzo, desnudo, como sea.
“Casa” puede ser un lugar cualquiera convertido por alguien en ello. Podría ser yo mismo mi propia “casa”, si no tuviera tanto miedo, si supiera que todo va a ir bien.
Vamos a "casa", me voy a "casa", ojalá.

¿Qué es “casa”?, ¿Dónde está?, ¿Cuándo llegamos?

11.5.15

Los espacios vacíos, ocupados y creados.

Entrar en un sitio vacío de gente y lleno de obras de arte siempre me provoca una sensación de calma bastante indescriptible, ya no porque disfrute de las obras, que pueden gustarme más o menos, sino por la sintonía que se crea entre espacio ocupado, espacio creado y espacio vacío.
Sin la gente no hay movimiento, ni ruido, siempre que las obras sean estáticas y no sonoras. Estas mismas obras, estáticas en apariencia, ocupan y a la vez crean el espacio, y la sensación de soledad aumenta la potencia del propio movimiento intrínseco que el autor haya plasmado en el cuadro, escultura o intervención. No sé si me he explicado bien.
Para mi el hecho de que no haya gente, o que apenas la haya, aumenta de una manera muy poderosa la sensación de sobrecogimiento que me produce la obra, el silencio y la soledad apagan de manera muy efectiva todo el ruido en mi cabeza, ruido emocional o nervios, o simplemente la suma de pequeños dolores que siento cada minuto. Todo se apaga y camino entre las obras como si no pesara nada.


Al apagarse el ruido, mi cerebro puede pensar, razonar lo que ve y sentirlo todo de una manera mucho más intensa, puedo disfrutar de lo que el artista, el comisario y la institución me están ofreciendo, disfruto la experiencia y crezco con ella. Me pasa algo muy parecido en la montaña, la playa o un bosque vacíos, la soledad, el aparente silencio, me reconfortan y ayudan a pensar.

9.5.15

La vergüenza

Llevo más de un año sin escribir porque no tengo puta vergüenza, ni tiempo, ni probablemente ganas.
Sigo vivo, todo bien, ahora solo, ya no hay P. ni nadie que me agarre.
Madrid es un poco más gris, más sucio, más pijo, más facha, pero también es más casa, más amigo, más adulto y en cierto modo, algo más cómodo.


6.2.14

Febrero.

Últimamente escribo poco, estoy algo perezoso y además el invierno me vuelve imbécil. El frío me deja un poco tumbado, me cuesta salir de la cama, por el peso de los años y sobre todo el peso de la colcha y el edredón.
Tengo una cama un poco celosa que no termina de ver bien mi relación con el sofá y otros muebles de la casa.
Mis días pasan un poco monótonos últimamente, no tengo demasiada cabeza para trabajar, estoy volviendo a tener algunos problemas de concentración, y aunque intento todos los días salir de casa y estar un poco activo, con la humedad y el frío en ocasiones cuesta un poco.
Intento editar un poco, hacer algún tutorial, juego a la consola, leo, veo alguna serie, salgo a la compra, cocino, veo a Pau, intento quedar con amigos, pero cuesta todo un poco, es como llevar pesos en las extremidades, como una cuerda elástica conectada a mi cama que cuanto más me alejo, más me cuesta estirar.
No nos engañemos, sigo siendo un dios del sexo, para eso siempre tengo fuerzas, faltaría más. Y disfruto cada minuto fuera de casa, pero siempre hay una especia de subgrave, como si la banda sonora de mi vida fuera la de una película de Lynch, que me recuerda que la cama me llama, que estoy cansado y que pronto, mientras todos seguís emborrachándoos, yo me tengo que ir a casa, a descansar un poco, como un señor mayor.

Se acercan los dos años del transplante, la ITV, las dos semanas de visitas al hospital, y de recordarlo todo más intensamente, como si fuera ayer. Momentos difíciles, que cada vez cuestan un poco menos, y en cierto modo un poco más.
Pero no todo en Febrero pesa, cosas buenas pasaron hace un año, cosas que no esperaba que pasaran y que me han dado la vida este año, algo con lo que no hubiera aguantado todo lo que he aguantado. No entro en detalles, ella sabe lo que es, y si habéis seguido el blog, vosotros también.

De todos modos llega la primavera pronto, y con lo optimistas que somos en Madrid, las terrazas y el salir sin llevar doscientas capas de ropa. Camisa, chupa de cuero y a tomar algo con los amigos al aire libre, montar en bici, salir a correr, estar más activo, un poquito más vivo.


Va todo bien, como no podía ser de otra manera, pero las cosas, todas, cuestan un poquito más.

15.1.14

Madriguera

Te sientas y esperas, te sientas y esperas, esperas y te sientas, te tumbas, pruebas posturas diferentes, momentos diferentes, acciones diferentes.
Escribes, borras, escribes y borras. 
Tu cerebro funciona despacio, como siempre, como nunca, a golpes de batería, de bajo, movido por teclas de un sintetizador sucio que suena en los altavoces. Tienes envidia, admiración y miedo, se te agolpan los sentimientos, los escupes en un teclado.
Estas sumido en una semioscuridad cómoda, una habitación algo fría en una casa que es tuya pero no, que se vacía un poco y se llena cada día. Has tratado de construir una madriguera cómoda en lo alto de tu K2 particular, parece que empieza a funcionar, pero no es del todo seguro, aún se te puede llevar una ventisca por delante, ten cuidado.
Llevas tiempo sin leer, sin sentarte a escuchar, a disfrutar de una cómoda inacción mientras dejas que la negatividad se apague  y que la enfermedad se disuelva, llevas tiempo sin escucharte a ti mismo, sin pararte a mirar lo que, de verdad, es tu vida. 
Llevas tiempo mirándote el ombligo desde un punto de vista erróneo.
Es fácil caer en hacer las cosas mal, en dejar que los dolores, el malestar o la debilidad se apoderen de tu cabeza, es fácil perder tu fuerza, la que te hizo salir de un lugar peor, es fácil comer mierda y no saborear los tropezones de gloria que siempre hay entre medias.

Moverse en absolutos es un error, para lo bueno y para lo malo.